Sobre el aburrimiento

mayo 13, 2008 at 12:55 am 2 comentarios

Uno de los libros que me “autoregalé” este Sant Jordi fue “La inteligencia fracasada. Teoria y práctica de la estupidez” de José Antonio Marina, (Colección Argumentos, editorial Anagrama).

Os transcribo un extracto de texto que aparece también en la contracubierta:

“Puesto que hay una teoría científica de la inteligencia, debería haber otra igualmente científica de la estupidez. Creo, incluso, que enseñarla como asignatura troncal en todos los niveles educativos produciría enormes beneficios sociales. El primero de ellos, vacunarnos contra la tontería, profilaxis de urgente necesidad.”

Aún no lo he terminado, voy por la mitad, pero hasta ahora este ensayo lúcido, claro y ameno me está gustando sobremanera así que, me gustaría comentar algunas de las cosas que voy leyendo.

La primera tiene que ver con el aburrimiento. Seguramente no es de los aspectos que más a fondo trata el autor, más bien pasa por él fugazmente (almenos por ahora), entreteniéndose en conceptos como prejuicios, supersiticiones o dogmatismos, vanidad, envidia o credulidad, entre otros.

Sin embargo me llamó la atención lo que escribía al respecto y me hizo reflexionar y pasarlo bajo el prisma de la mundo de la Educación, -¡qué remedio, uno vive de esto por ahora!-.

Fotografía extraída de http://www.flickr.com/photos/70243696@N00/342753239/

El texto en cuestión empieza así:

“El aburrimiento -el deseo de experiencias- bajo su inocua apariencia guarda un potencial destructivo sorprendente. Los expertos saben que la incapacidad para librarse de él y para soportarlo es uno de los fenómenos que conduce con más frecuencia a la droga.”

Y continúa poniendo otros ejemplos derivados del aburrimiento como buena parte de los tiroteos que se producen en EEUU o incluso el caso de un avión que se estrelló en 1973 porque el capitán y el mecánico de vuelo se preguntaban si el piloto automático respondería al tirar de una palanca manual. Al probarlo, se les pasó el aburrimiento muy rápidamente ya que les estalló uno de los motores y gracias a la caja negra sabemos cual fue su última conversación.

Lo primero que me llamó la atención fue la manera de definir aburrimiento: deseo de experiencias. Interesante. Buscando en la web de la Real Academia Española encuentro:

aburrimiento.

(De aburrir).

1. m. Cansancio, fastidio, tedio, originados generalmente por disgustos o molestias, o por no contar con algo que distraiga y divierta.

.

Así que nos aburrimos cuando no hacemos nada que nos resulte interesante o cuando estamos haciendo algo pero en realidad querríamos hacer otra cosa distinta. Por ejemplo, un alumno en una clase que no quiere estar en ella o no le interesa lo más mínimo. O un trabajador que cumple con su deber y su rutina diaria para obtener un sueldo con el que llevarse algo a la boca (y otros bienes de consumo, claro).

Ante esta situación el alumno puede decidir entre:

  1. Distraerse por su cuenta sin molestar a los demás, pensando en sus cosas y fantasías, haciendo dibujitos, durmiéndose…
  2. Distraerse con otro compañero, hablando, riendo, tirándose papelitos, intercambiando mensajes…
  3. Rebelándose y llamando la atención, poniendo a prueba al docente (o a otros compañeros), levantándose de la silla, haciendo comentarios poco oportunos, retando al profesor…

Tampoco pretendo hacer una lista exhaustiva, seguramente hay más posibilidades pero me quedo de momento con estas tres.

A los maestros y profesores, en general no nos molesta demasiado el primer caso, “si se distrae sólo es su problema”, “mientras no moleste a los demás”… Hasta cierto punto tiene su lógica pensar así aunque deberíamos plantearnos porqué no prestaba atención: ¿era nuestra clase más bien soporífera?, ¿tiene el alumno problemas de atención o comprensión?, etc.

El segundo caso ya no lo toleramos tanto porque el primer alumno hace perder la atención de un compañero que seguramente estaba más atento. Si no le ponemos remedio, es probable que se produzca un efecto en cadena y acaben distrayéndose aún más estudiantes. En estos casos acostumbramos a llamarles la atención y llevar a cabo algún tipo de amenaza o sanción si persisten en ello. También es cierto que si sólo son dos y no arman mucho jaleo, se opta a veces por hacer la vista gorda, aunque no sea lo más recomendable.

El tercer y último caso es el que pone a prueba al docente, tal como dice Marina: “el aburrimiento, bajo su inocua apariencia guarda un potencial destructivo sorprendente“. El alumno escoge la vía de la rebelión, del contraataque. ¿Porqué opta por esta vía? Es posible que por un compendio de causas: no quiere estar en clase, no comprende ni entiende lo que se está explicando y le produce una sensación de baja autoestima…

En general los docentes deberíamos plantearnos porqué se aburren algunos de nuestros alumnos en clase. Supongo que por muy bien que lo hagamos siempre habrá alguno que se aburra pero si aplicamos aprendizajes significativos, aprendizajes prácticos o entornos participativos y colaborativos, entre otros métodos, conseguiremos una mayor atención y motivación del alumnado en líneas generales.

Concluyo el artículo con un buen ejemplo para evitar el aburrimiento en el trabajo y mantener la ilusión y motivación de los trabajadores.

Ayer ví un documental en La 2 sobre el gigante de Google y me soprendió que esta empresa ofrece a sus trabajadores ingenieros un 20% de su tiempo laboral para dedicarse a aquello que más les gusta o motiva (relacionado con la informática, claro!). Así, uno de cada cinco días a la semana pueden dedicarlo a lo que les gusta de verdad, aunque no tenga nada que ver con lo que tienen que hacer en su horario laboral habitual. Si lo prefieren, pueden dedicar una semana seguida al mes, aproximadamente.

Gracias a esta iniciativa han surgido ideas que luego han sido un éxito como la red social Orkut, el sistema de publicidad AdSense for Content o Google Suggest entre otros.

¿Os imagináis algo parecido aplicado al mundo educativo? Ya sé que cuesta y que hay un montón de impedimentos y que la realidad sería ardua según como pero… si los chavales y chavalas pudieran dedicar un tiempo del horario escolar en aquello que realmente les gusta, ¿no mejoraría su motivación e integración?

Fotografía extraída de http://www.flickr.com/photos/25242124@N00/15709083/

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Monográfico sobre la PDI de bajo coste Maus: relato de un superviviente

2 comentarios Add your own

  • 1. Tesa  |  mayo 14, 2008 a las 11:54 am

    Creo que si evitamos que los demás se aburran con nosotros, con nuestras exposiciones y lo que les contamos sabemos también como librarnos del aburrimiento.

    Aplicado al tema de la educación, pienso que parte del fracaso escolar se debe a que el alumno no se siente motivado, no es que no le interesa lo que le cuentan en clase, sino cómo se lo cuentan. Y, sobre todo, no participa, no se siente aludido.

    Tuve un gran profesor que entre otras asignaturas me daba un “tocho” que se llamaba “resistencia de materiales” aplicado a la construcción y a la ingeniería.

    Tenía una manera tan amena de integrar la asignatura que acabé interesándome por aquella materia y sacarla con sobresaliente.

    Claro que el profe no tenía problemas en salpicar sus clases técnicas con historia, humanidades, curiosidades… y tenía mucha habilidad en captar la atención de los más díscolos del aula, los rebeldes, los distraídos entre los que yo me encontraba.

    Un día en el que estaba a punto de dormirme me soltó en medio de porcentajes y demás: “Señorita, ¿si usted fuese un animal, qué animal le gustaría ser?

    Te aseguro que la atención de la clase, no sólo la mía, se recobró. Hablamos un rato del tema y del significado de cada elección y seguimos con la asignatura. Él se merecía después de aquel recreo divertido que le atendiéramos.

    Me gusta, mucho cómo has expuesto el tema.

    Besos.

    Responder
  • 2. xav  |  octubre 14, 2009 a las 12:35 pm

    Creo que conosco a la muchacha de la foto.

    Responder

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